jueves, 11 de agosto de 2016

Martín Rodríguez o la vida como teatro

Curiosa figura la de este personaje que luce una indumentaria a contracorriente de nuestro reverberante clima caroreño. Chaleco, palto, sombrero, bolso de cuero, bastón a la mano derecha y espesa barba, todo ello  que lo hace aparecer un habitante de lejanas latitudes. Pero no, no es así, pues vino a la vida gracias a una comadrona en El Pozo, hijo de un vendedor de  cocuy y chivos de nombre Eleuterio.
Andarín siempre, estudia en cuatro instituciones: Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza en tiempos de Expedito Cortes, su director, luego, en un arranque de misticismo se interna en el Seminario Divina Pastora, donde conoce a Arnoldo, mi hermano, seguirá en el Instituto Diocesano, para finalizar su bachillerato en el Liceo Egidio  Montesinos de Carora.
Su encuentro con las tablas sucede en 1972 cuando en el Madre Emilia hace una suplencia a la profesora Digna Andueza en la asignatura de Castellano. Hace su  allí primera propuesta teatral
“El arte es todo”, repite a cada momento, quien se siente heredero espiritual de Chio Zubillaga, Simón Rodríguez  y Cesar Rengifo, unos clásicos, asienta mirando el techo de mi Oficina de Cronista de Carora. Luego lo acoge juan Martínez herrera en la Casa de la Cultura de Carora. Allí conoce al Maestro de la escena Albert José Suárez. Son los años en que pone en escena las polémicas obras KK subirá al cielo y Ali Baba y las cuarenta gallinas. Al ver aquello Juan Martinez les decía: los va a matar Carora. Me dice que cuando montaron Los hermanos, de Edilio Peña, que es una fuerte crítica al imperio español, abandona la sala un peninsular sumamente arrecho.
Mi gran creación, agrega, ha sido  Corpahuaico Teatro, que aún existe y que ha viajado al exterior en varias ocasiones. Allí practicamos un arte integral, pues es literatura, mimos, pantomimas, baile, oratoria, es decir todo aquello que se puede escenificar. Ellos mismos descubrieron a Stanivlasky, sin ayuda de nadie, basados en la sentencia de Samuel Robinson: Hazlo tú mismo, entre todos vamos construyendo.
En 1983 la política toca su magisterio estando en La Rinconada. Un supervisor adeco, Rodrigo Sisiruca, pregunta: ¿construir la escuela con los muchachos?. Fue un encontronazo entre la escuela tradicional y la escuela abierta, agrega Martín con un dejo de nostalgia. Le hicieron una amonestación escrita donde lo conminaron a adaptarse al programa. Es que los representantes me apoyaban, asienta. Ello quedo en evidencia cuando los copeyanos me botaron de la escuela de Matejey, allá en la carretera Lara Zulia. Debieron restituirme y pagarme los sueldos caídos, me dice con la cara iluminada.
Un año estuvo por los países socialistas enviado por las Cooperativas y no por las comunistas, me aclara. Visita Moscú y Leningrado, no sin antes darle un vistazo a Suecia. Habla ruso, pero ha perdido fluidez expresiva por el desuso.
En el país de los soviets se gradúa de TSU en Empresas Cooperativas y se enamora de una rusa que estudiaba Administración: Eliana Fedosova. He perdido contacto con ella y lo lamento a mis 63 años, dice apesadumbrado. Le digo que la ubique por faceboock y se declara incompetente para ubicarla en internet.
En aquellos años, agrega, ya se sentía un malestar en la Unión Soviética por la corrupción, me dice, la contraloría social no funcionaba cuando se trataba de negocios estatizados, los precios eran especulativos y lo peor es que todos callaban. Es un pueblo sufrido dice, aun se siente la invasión nazista de Alemania que le costo 20 millones de víctimas fatales. Se enoja cuando le digo que el llanto es un rasgo de la cultura eslava. No, no, eso no existe Luis, me dice molesto.
Regresa a Venezuela y trabaja en Mérida, Timotes y El Vigía como supervisor agropecuario de  las Cooperativas. Luego se incorpora al magisterio en 1983 y es cuando la propuesta de teatro lúdico en la escuela de Matejey le hace ganar una expulsión por comunista y por no tener acreditación académica. Los representantes toman la escuela pidiendo su regreso, mientras cumple presidio de 72 horas. Quien motiva la protesta fue Román Rodríguez, “a quien luego de 35 años le guardo gran cariño”. Todos los maestros del Distrito lo apoyan. Al año es reincorporado a su trabajo. Lo ponen a elegir el lugar, y para sorpresa de los supervisores dijo sin vacilar: Matejey.
Desde allí se hace muy fuerte el sindicalismo con Fenatev, de Roanld Golding, con lo cual este sindicato no nace en Barquisimeto sino en Carora, asienta.
Para finalizar me dice una cosa que me deja impresionado: no es educador graduado, pero lo es en Administración y en Abogacía, locutor por la UCV, Cooperativas en el Instituto Maskonki, de Moscú.
Le digo que un joven rumano Eugene Ionesco, fue apuñalado en una plaza de Paris Apresan al atacante, que al ser inquirido sobre su acción criminal responde que no lo sabe. Allí nace el teatro del absurdo, “No lo sabía”, me dice entre risas Martin para retirarse.

martes, 2 de agosto de 2016

ALIRIO DIAZ Y EL GENIO DE LOS PUEBLOS DEL SEMIARIDO VENEZOLANO

En 1529 fueron desembarcadas en Cubagua 15 vihuelas. Por aquel entonces nadie podía prever que estas tierras del Nuevo Mundo iban a ser territorio privilegiado de la guitarra española. Y esta nación, la más excéntrica de Europa, nos legó  la lengua castellana, el catolicismo del Concilio de Trento y la Contrarreforma, el barroco literario y arquitectónico y la música armónica, un gran triunfo renacentista. Es esta nuestra tradición cultural y no otra, dijo Octavio Paz.
Europa queda dividida en dos inclinaciones musicales: la del Norte lo hizo en torno al piano, que según  Max Weber es el instrumento burgués por excelencia, en tanto que la Europa mediterránea lo hizo con los instrumentos de cuerda: la guitarra, la vihuela, el laúd, artefactos populares, de la calle y la plaza pública. Un contraste notorio.
Debieron pasar varios siglos de maduración para que en un lugar del occidente de Venezuela, en el semiárido larense, cálido y seco, se produjera la más espectacular eclosión musical en torno a los instrumentos de cuerdas y de dos personajes legendarios: Rodrigo Riera y Alirio Díaz.
¿Que hizo posible tan afortunada circunstancia musical? Para comprender tal fenómeno he creado una categoría de análisis a la cual he  llamado El genio de los pueblos del semiárido venezolano. Comienzo diciendo que el estado Lara es el asiento de tres ciudades de rancia estirpe colonial: El Tocuyo, Barquisimeto y Carora. Es el  triángulo  colonial y barroco, donde  la lengua latina se enseñaba conventualmente, lugares donde daban sus lecciones  maestros de órganos y de canto coral religioso, la imprenta se estableció tempranamente. Pero también la cultura popular hace sus acá portentos con el tamunangue, la danza más completa del continente, y en Barrio Nuevo de Carora nacerán El Negro Tino Carrasco y Rodrigo Riera, Juancho Querales, los hermanos Gómez, músicos de extracción eminentemente popular.
En la mítica Otra Banda, entre los caseríos de La Candelaria y Muñoz, se produce un prodigioso fenómeno cultural. Son villorios  musicales donde en ninguna casa falta una mandolina, un cuatro o una guitarra, se consultan provectos manuales de música, como el del napolitano Ferdinando Carrulli, el primer maestro que crea escuela guitarrística , titulado Armonía aplicada a la guitarra, editado en 1825, a lo que debemos agregar la existencia de músicos populares como Tita verde, tío del joven Alirio Díaz Leal. Este muchacho tocaba de fantasía y era hijo de Pompilio, el bodeguero, que también era músico. Es, a no dudar, legitima cultura popular, cultura menospreciada secularmente y que ahora se le reconoce como tal.
Ese muchacho intuye que debe irse de su aldea. Piensa ser filósofo o historiador, pero  en Carora el Maestro Chío Zubillaga, después de oírle tocar de oído, le persuade ir tras la música, su verdadera vocación.  Lo remite con carta a Trujillo para estudiar teoría y solfeo con el Maestro Laudelino Mejías. Acá hace radio y se inicia  como impresor.   Luego vendrá Caracas.  Allí lo recibe el hombre que funda una de las primeras cátedras de guitarra de Hispanoamérica, Raúl Borges. Con otra misiva de Zubillaga se presenta ante el Maestro Sojo, quien dudaba en un principio de las capacidades de Alirio y de Rodrigo Riera. Ambos  se presentan, en prodigioso momento, en la Escuela Superior de Música el mismo día y a la misma maravillosa  hora.
Ya es un artista consolidado cuando decide ir a Europa, en un movimiento que se asemeja al del poeta Darío, es decir emprender desde América una agitación cultural en dirección contraria a la habitual: el viejo mundo  no producirá sino que recibe  del otro lado del océano una corriente estético musical extraordinaria en las manos de sumo virtuosismo de Alirio y Rodrigo.
En la Península recibe Alirio lecciones de Sainz de la Maza, para luego seguir tras la pista del máximo exponente de la guitarrística de entonces, y quien reside en Italia: el Maestro Andrés Segovia, padre del movimiento contemporáneo de la guitarra clásica. Triunfa desde entonces Alirio en Europa y el mundo.
Pero su vocación de lo popular venezolano no le abandona jamás. Al lado de Paganini, Bach, Tárrega o Haydn, estará siempre el sentido de lo patrio e hispanoamericano con Barrios Mangoré, Villa Lobos, Laudelino Mejías, el Indio Figueredo,  Lauro, el Maestro Sojo, Heraclio Fernández.
Así, y desde esta minúscula parte del territorio, el semiárido occidental venezolano, pero inmensa en creaciones del espíritu, la literatura y por sobre todo la música, el Maestro Alirio universaliza piezas como Los Caujaritos, El Diablo suelto, Casta paloma, Quirpa guatireña, Dale que dale, entre otras. Un aliento telúrico y  del solar patrio que ha sido quizás el mayor logro del hijo sublime y exquisito de la Otra Banda.
Pareciera que la idea de la Raza Cósmica de  José Vasconcelos tiene firme realidad y consistencia en esta maravillosa oportunidad: estamos, dice el mexicano, en un estadio espiritual o estético en trance de ser alcanzado solamente por la mentalidad mestiza Iberoamericana. Y Alirio ha sido un adelantado de primer orden en este a priori estético.

miércoles, 20 de julio de 2016

Doctor Rafael Tobías Marquís Oropeza 1882-1922

Científico, educador y feminista caroreño
RAFAEL TOBIAS MARQUIS


Primeros años.

Nació en Carora, estado Lara, Venezuela, en 1882, hijo del caraqueño Manuel María Marquís Lundo y de la caroreña Francisca Oropeza Álvarez. Era desde niño miembro de la antigua Cofradía del Santísimo Sacramento de la iglesia de San Juan Bautista de Carora, lo que nos revela su condición de devoto católico. Su madre era  educadora, pues dirigía una escuela para señoritas llamado Colegio Santa Teresa en 1896. Este hecho marcó profundamente a Rafael Tobías y lo orientó hacia la pedagogía de corte femenil.  Hizo su primaria en la Escuela Federal anexa al Colegio Federal Carora, y su bachillerato lo culminó el 13 de julio de 1898, recibiendo su titulo de Bachiller en “Ciencias Filosóficas” de las manos de los doctores  Ramón Pompilio Oropeza y Lucio Antonio Zubillaga, rectores del Colegio Federal Carora. Una vez graduado se dedica al comercio en la vecina población de Curarigua, donde en sus ratos libres se convierte en un voraz lector, adquiriendo una notable autonomía critica, escribe Cecilio “Chío” Zubillaga.



Regresa a su ciudad natal.  En 1901 participa en el homenaje que le rinde el Club Torres a la memoria de su fundador, recientemente asesinado en 1900 en las Sábilas Coloradas, el  médico con estudios en París, Dr. José María Riera. Como miembro de este selecto Club, presidido por el abogado doctor Ramón Pompilio Oropeza, su tío, y en ocasión del bloqueo naval a Venezuela por parte de Inglaterra y Alemania en 1903, firma un vehemente acuerdo de protesta contra aquella acción imperialista y criminal.



Una oportuna beca estudiantil.

 Pero un afortunado suceso llega a su vida sacándolo de la postración intelectual en que se encontraba como bodeguero en Curarigua. El abogado  y general Ramón González Pacheco (1857-1905) gobernador del estado Lara,  le ofrece una beca para cursar estudios en el Instituto Agrario, fundado por el doctor Enrique Defendente Luppi en 1904 en Caracas. Este ingeniero se había graduado en la Universidad de Pisa, Toscana, Italia, en 1897, y quien al graduarse allí regresa a su patria venezolana, pues era nativo del vecino estado Trujillo. El Instituto, de carácter particular, fundado en 1900, desempeñó una labor loable en aquella Venezuela de escasos recursos, donde la importancia de la Agronomía como ciencia aun no se comprendía, haciendo ardua esta tarea. A despecho de estas circunstancias impartió conocimientos de utilidad y conformó una pequeña biblioteca científica para el estudio de las Ciencias Agrícolas, cuyos servicios no se restringieron a sus estudiantes.

 Un ejemplo muy interesante sobre la ayuda académica prestada por este pequeño centro, nos lo ofrece Marcel Roche, cuando señala la ayuda brindada al bachiller Rafael Rangel por el Dr. Enrique Defendente Luppi del Instituto Agrario, quien facilitó al científico varias revistas para el estudio del parásito de la anquilostomiasis en Venezuela, el cual trataba de identificar en forma precisa hacia diciembre de 1904. F rente a estos hechos fue muy poco lo que se avanzó en lo referente a la concreción de una estructura de soporte tecnológico en la agricultura, apenas continuaban las clases del curso de Agricultura y Economía Rural, dictado por el Doctor Enrique Defendente Luppi, este entusiasta de la educación agropecuaria formaba parte de la segunda generación de una familia inmigrante italiana establecida en los Andes en la segunda mitad del siglo XIX, que fue enviado a Italia desde joven, donde siguió la carrera en la Universidad de Pisa, obteniendo el título de Doctor en Ciencias Agrarias. Al concluir sus estudios, regresó a Venezuela e hizo varios intentos por desarrollar la enseñanza agrícola, entre ellos la creación de un Instituto Agronómico, cuyo funcionamiento costeaba en gran parte con su propio peculio. Como era de esperar en este escenario tan adverso a la ciencia por las continuas guerras civiles, sus esfuerzos dieron al traste. Luppi decepcionado se fue a Panamá, donde hizo contribuciones muy importantes a su agricultura. El Instituto desapareció años más tarde, cuando Luppi decepcionado, pues no recibió ayuda de los gobiernos de los presidentes Ignacio Andrade ni de Cipriano Castro, abandonó su labor y emigró a Panamá, donde se radicó definitivamente. En 1906 Luppi llamó desde el Istmo a Rafael Tobías Marquís, quien había sido uno de sus mejores discípulos en Caracas.

Se marcha  Marquís al Istmo de Panamá.

En Panamá continuó sus estudios agronómicos siempre al lado del Dr. Luppi, quien al no tener suficiencia académica para doctorarlo lo envió a New York, Estados Unidos, en octubre de 1907. Realizó sus estudios prácticos en la Quinta Normal. Su Tesis doctoral la hizo sobre La Palmera Industrial en la Región del Istmo de Panamá, la cual dedico al profesor chileno Carlos Emilio Porter, una personalidad científica entonces, fundador de la revista Anales de Zoologia Aplicada, en 1914, quien le prestó siempre su estimulante ayuda.

En Panamá ocupó Marquís cargos de gran importancia, tales como Director del Museo Nacional, profesor de ciencias naturales en el Instituto Nacional, profesor en el Colegio del Istmo, profesor en la Escuela Superior de Señoritas, profesor en la Escuela Normal de Institutoras, en el Colegio de La Inmaculada, , el Colegio Marina, hizo frecuentes expediciones científicas por buena parte  del Istmo de Panamá, provincias de Veraguas y Coclé, sobre las cuales escribió artículos científicos muy apreciados en ese país recién fundado bajo la tutela de los Estados Unidos, potencia que recién acababa de construir el Canal de Panamá. Por propuesta del profesor Carlos Emilio Porter Mosso fue designado Marquís miembro de la Sociedad Científica Chile y la Sociedad Geográfica de La Paz, Bolivia.

Regreso a Venezuela.

Pero  en la cúspide de su carrera científica en el exterior recibe Marquís el llamado de su patria, se viene a Carora y en 1915 funda el Liceo Contreras para señoritas, que será su obra más resaltante y de proyección, dicta cátedras de francés en el Colegio Federal Carora en 1917, funda periódicos como Vendimia, en 1920, y la Revista Minerva en 1914, estimuló intelectualmente al joven Pastor Oropeza, quien iba a ser el fundador de los estudios de pediatría en Venezuela, fue además un vehemente y decidido feminista, defensor de los derechos a la educación de las mujeres en aquella sociedad marcadamente  machista, como se verá después.

Fundación del Liceo Contreras, 1915.

Dice Luis Eduardo Mora Santana que el Liceo “Contreras”, fundado por el Doctor Rafael Tobías Marquís, maestro formado en Panamá, país muy cercano a la cultura anglosajona por razones de la ocupación  estadounidense (1904), de la cual,  creemos, trajo a Carora esa semilla de los movimientos feministas, además de haber vivido en Nueva York, en el gran país del Norte. Algo de eso pudo ocurrir y trasmitírselo a sus discípulas del Liceo “Contreras”, colegio para niñas y adolescentes, el cual fundó y dirigió por varios años. Se instala, pues en Carora y funda el Liceo “Contreras”, instituto de enseñanzas para señoritas, en el cual las nuestras damas encontraron abierto un refugio (...), con nuevos métodos, con procedimientos adecuados a un cambio de frente en los viejos hábitos, que se hacían ya incompatibles con las ideas progresivas de lo que debe ser la mujer en una sociedad decente.” Continua, Don Chío Zubillaga expresando el ideal libertario por la mujer presente en Rafael Tobías Marquís: “Aquí regentó cátedra en el Colegio La Esperanza o Federal Carora, fundó periódicos, predicó en la tribuna pública como un fervoroso misionero laico, estableció centros de expansión femenina y propendió a ejercicios de claro sentido de humanitarismo social.”.

Marquís escogió el nombre del médico caroreño doctor Ezequiel Contreras, quien  graduó de médico en la Universidad de Caracas en 1855, para darle nombre a su instituto para la educación femenil.  Quizá lo inspiró el hecho de que aquel médico retornara, como él mismo lo hizo, para fundar colegio de enseñanza en su ciudad natal. El 28 de junio de ese mismo año de 1855 funda  Contreras en Carora el Colegio San Andrés. Allí  actuaron como docentes los licenciados Rafael Antonio Álvarez y Lázaro Perera, y se inscribieron a cursar el “trienio filosófico” los jóvenes justo Márquez Oropeza, Pacomio Pernalete Riera, Manuel Felipe Perera, Andrés Riera Silva, Tomás Vegas Moreno, José Luis Uzcanga Urbina, Antonio Zubillaga Perera. Esta institución tuvo muy efímera vida pues al morir  su fundador  en Valencia cerró sus puertas para siempre.

Dos vidas paralelas las de Contreras y Marquís, ambos regresan a Carora cargados de suficiencia y prestigio académico y deseos de ponerla al servicio de la educación, pero un hado fulminará la vida de estos dos educadores en la primavera de sus breves existencias.



La Revista Minerva.

Funda Marquís, una de las revistas más representativas de la opinión caroreña, continúa diciendo Mora Santana; bautizada Minerva, Revista científico literaria (09-01-1914), órgano informativo de la institución, en la cual publica sus primeros artículos juveniles el ensayista venezolano Don Mariano Picón Salas. De la revisión de esa revista se desprende, que hubo una gran actividad de la mujer en las primeras décadas del siglo XX caroreño y de su entorno, generada por la acción formadora de ideales de vanguardia del maestro Marquís. Cabe recordar que Carora, como entidad era un gran centro de irradiación cultural. Es para principios de siglo XX, un nodo importante en la región –herencia legítima del siglo XIX- y constituye la urbe focalizadora de los ideales más diversos. En la revisión de esta interesante Revista, se constata que la junta administradora se constituía por mujeres, entre alumnas y representantes, sustituida cada tres meses. En estas juntas se encuentra la futura educadora  Doña Olga Oropeza por primera vez como alumna, el 23 de septiembre de 1917 en la edición Nº 42. Tiene apenas escasos catorce años.”

Resulta poco menos que impresionante que en una ciudad del semiárido larense, con una tradición patriarcalmente católica haya nacido una revista como Minerva, dedicada al empeño de emancipar a la mujer del yugo milenario que la conducía necesaria y obligatoriamente a los oficios del hogar o a la vida monjil. No tenían ellas otras alternativas. Marquís tiene, en ese sentido el privilegio de ser en estas tierras un adelantado de las luchas de las mujeres por conseguir el respeto que se merecen y abrirse un lugar en la sociedad en igualdad con el hombre. Simone de Beauvoir, la gran escritora francesa y autora de El segundo sexo, un verdadero manifiesto por la igualdad de los sexos, habría de sorprenderse al saber de la existencia de esta revista femenil en una remota ciudad de un remoto país de Hispanoamérica. Todo un portento de creatividad, atrevimiento y arrojo.

Debemos recordar que la diosa Minerva en la traducción romana de la diosa griega Atenea, diosa de la guerra, la sabiduría, de la civilización, de la justicia, de la habilidad y de las artes. A fines del siglo XIX y a comienzos del XX  se le asoció a los nacientes movimientos feministas que la tomaron como símbolo de las luchas emancipatorias femeninas. Es un arquetipo jungiano que expresa la necesidad de autonomía de las mujeres. El feminismo se desarrolló a finales del siglo XIX y comienzos del XX en los Estados Unidos, Inglaterra. Se concentró en el derecho de la mujer a la propiedad, la igualdad dentro del matrimonio, el derecho al sufragio. Esta visión contra el androcentrismo reinante en Venezuela ha debido levantar muchos comentarios suspicaces en la recoleta ciudad de Carora. Y estas fueron las ideas que el doctor Marquís trajo de la colonia estadounidense, Panamá, y de los Estados Unidos y la emblemática ciudad de New York, asiento de un fuerte movimiento por los derechos de la mujer, como se verá más adelante. Vino pues un aire de renovación desde el Norte a una Carora que festejaba un rito católico antiguo: la Minerva. El apelativo "de Minerva" se debe al hecho de que éstas procesiones empezaron a celebrarse en la Basílica romana de Santa María sopra Minerva.

Se produce entonces el choque de dos arquetipos encontrados, el de la mitología grecolatina y el de la Iglesia Católica. Dos Minervas enfrentadas. Una que viene de la antigua tradición levítica de Carora y su cofradía del Santísimo Sacramento, fundada en 1585, que promueve la procesión religiosa de la Minerva, y la otra Minerva o Atenea, tan antigua como la otra, pero que en este caso representa el espíritu de liberalidad, laicismo, el espíritu de empresa que la ligó a la revolución industrial, y la lucha de la igualdad de la mujer. Esta diosa mitológica había tomado una enorme relevancia en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX. Era la figura tutelar del   Liceo Contreras de Marquís y su órgano de expresión de la revista Minerva

Plaza del Carmen de la Minerva supra Roma
Minerva de la mitología Grecolatina         

 

 

 

 

 

 

 


Las alumnas del Liceo Contreras.
Debemos recordar que el Liceo Contreras tuvo una existencia se prolongó por 20 años, es decir desde su fundación en 1915 hasta su cierre definitivo  en 1935. Solo seis años lo dirigió su fundador y propietario, el Dr. Marquís, quien como se verá después, se marchara a Valera, estado Trujillo en 1921, dejando el Liceo Contreras en otras manos.
Las  muchachas que ocupan los asientos del Liceo y que se extraen casi todas  socialmente del “patriciado caroreño” eran las señoritas María Perera Álvarez, Rosa María Perera Álvarez, Magdalena Perera Álvarez, María Auxiliadora Álvarez, Atala Oropeza Riera,  Carmen Elena Montesdeoca, Olga Oropeza, entre otras. En 1928, y ya fallecido el Dr. Marquís, en ocasión del centenario del nacimiento del Dr. Ezequiel Contreras, epónimo del Liceo, encontramos a las siguientes damas: Margot Álvarez, Elisa Zubillaga, Lucila Álvarez, Petra Mercedes Álvarez, Josefina Pérez Riera, Emérita Acosta, Josefina  Herrera Oropeza, Flor Demartini, Leoncia Castañeda, Sara Arispe, Dora Marquís Herrera, Blanca Victoria Fajardo, María Álvarez Yépez, entre otras.

Cierre del Liceo Contreras, 1935.
Como veremos después, Marquís se retira a Valera en 1921 y deja su Liceo Contreras en otras manos. Un año después se produce su inesperado deceso en esa ciudad andina. Seguirá funcionando su Liceo hasta 1935, cuando cierra definitivamente este instituto para la educación de la mujer. Y desaparece esta notable institución precisamente en el año en que morirá el tirano Juan Vicente Gómez, con lo que se cierra, al decir de Mariano Picón Salas, el siglo XIX en Venezuela. Pedro Domingo Oropeza Pernalete nos da esta información sobre el cierre del Liceo Contreras:
“Con indecible pena cumple el deber de notificar a los padres que el 1º  de este mes, se consideran cerradas las aulas del Liceo Contreras. Una vez más expresa su gratitud a la sociedad caroreña y a las poblaciones circunvecinas, por la confianza que le prodigaron al poner a su cargo por el lapso de 20 años, la educación y la instrucción de la niñez y juventud. También participa que quedarán dos escuelas primarias, desempeñadas respectivamente por las señoritas Dora Marquís y María Auxiliadora Álvarez: la de niñas a cargo de la maestra Marquís, llevará el nombre de Escuela Contreras y funcionará en un local apropiado, la de varones regentada por la maestra Álvarez, llevará el nombre de Escuela Marquís, continuará funcionando en el hogar de las señoritas hermanas Perera Álvarez.


Marquís se marcha a Valera.
Pero a la postre pudo más la fuerza de la tradición y el conformismo. Victima de la incomprensión, dice Chío Zubillaga, hubo de marcharse al estado Trujillo el Dr. Marquís, donde seguramente lo invitó el doctor Luppi, su mentor. Acá funda otro instituto educacionista también para señoritas, el Colegio Padre Rosario en la activa y comercial ciudad de Valera.  El 15 de septiembre de 1921 funda este Colegio con un lucido acto amenizado por el extraordinario músico Don Laudelino Mejías, el mismo que años después recibiría al joven guitarrista caroreño Alirio Díaz, y con las palabras del afamado poeta valerano José Domingo Tejera.
Este Liceo se anuncia en el periódico Alma Valerana, en 1921, como Instituto Superior de Educación Femenina, dirigido por su mismo fundador y propietario. Se darían cursos de primaria y secundaria, específicamente en el ramo de educación normalista o pedagogía. Admitía alumnas internas y semiinternas. Marquís se trajo de Carora a su familia, su esposa Romelia Herrera Gutiérrez y sus dos hijas, y con ellas la maestra caroreña Gregorita Montesdeoca. Allí y en plena actividad pedagógica muere este destacado caroreño en 1922.  A pesar  de que el instituto lo sigue dirigiendo la señora Ángela Álvarez de Lugo, muy pronto cerró para siempre sus puertas tan prometedor instituto, según datos que me proporciona el profesor de la Universidad de Los Andes, Núcleo Rafael Rangel de Trujillo, Licenciado Benigno Contreras.
Fue un error supino y garrafal dejar que este incondicional de la cultura y de la emancipación femenina, que es una misma cosa, abandonara “la ciudad levítica de Venezuela”, se lamenta Chío Zubillaga.  Pero su labor no fue en vano, pues su maestro, el Dr. Ramón Pompilio Oropeza, director del Colegio Federal caroreño, fue permeable a las ideas de su discípulo muerto en la flor de la existencia, y a tales efecto abrió las puertas de su instituto a la educación de las damas. De esta manera egresan como bachilleras María Luisa Rodríguez, Eva Teresa Acosta y Leoncia Castañeda en 1935. Se rompió así la hegemonía patriarcal del viejo Colegio que, desde su fundación en 1890, negaba el acceso a las féminas a la educación secundaria.
Los restos mortales de aquel arriesgado y valiente pedagogo que fue Marquís, quien se atrevió a nadar a contracorriente en aquellos tiempos de barbárica tiranía gomecista, reposan en nuestro viejo cementerio de la ciudad de Carora desde el año 1923, cuando fueron recibidos con una profunda reverencia por un pueblo agradecido.
Discípulo del Dr. Ramón Pompilio Oropeza.
Rafael Tobías Marquís es uno de los más destacados discípulos del Dr. Oropeza en el Colegio Federal Carora, fundado al calor de la godarria caroreña en 1890. En consecuencia es a su vez discípulo indirecto del bachiller Egidio Montesinos y de su Colegio de La Concordia de El Tocuyo, instituto de secundaria donde se formó el rector de La Esperanza o Federal Carora, el Dr. Oropeza, así como José Gil Fortoul y Lisandro Alvarado. Pertenece pues Marquís a la llamada “generación de La Esperanza”. Yo me atreví a decir que en ese notable Colegio se formó una de las élites intelectuales más importantes del interior del país.  Allí resuena su nombre junto a los de Agustín Oropeza, Virgilio Crespo Meléndez, Miguel Ángel Meléndez, Juan Bautista Franco, Pablo José Álvarez, Ambrosio Oropeza, Pablo Álvarez Yépez, Jacobo Curiel Mármol, Fernando Yépez Bracho, Carmen Elena Montesdeoca, Francisco Manuel Mármol, Juan Carmona, Ambrosio y Antonio Oropeza, Enrique Arapé, Anselmo Riera Zubillaga, el pediatra Pastor Oropeza, Agustín Zubillaga, Ricardo Álvarez, fundador de la psiquiatría en Venezuela, Ignacio Zubillaga, Andrés Riera Zubillaga, Carlos Gil Yépez, Homero Álvarez Perera, Beltrán Perdomo Hurtado, Carlos Zubillaga y su hermano menor Cecilio “Chío”, José Clemente Montesdeoca, Agustín Álvarez, Hermann González Oropeza, el “humanista de Venezuela” Luis Beltrán Guerrero, el rector de la Universidad Central de Venezuela Dr. Juan Oropesa, Ambrosio Perera, Guillermo Morón, José y Antonio Herrera Oropeza, Federico, Juan y Francisco Carmona, Luis Oropeza Vásquez, Antonio Crespo Meléndez, Héctor Mujica, Carlos Herrera Zubillaga, José Alejandro Riera,, Lisímaco Oropeza, German Herrera, entre otros.

Extrañados de Carora.
Esta curiosa ciudad del semiárido del occidente Venezuela ha tenido una particularidad desde tiempos remotos. Expulsa de su seno a los elementos que no cuadran con su cosmovisión levítica, patriarcal, cuerpo de ideas de su núcleo humano dominante de ascendencia peninsular y canaria que practica una endogamia biológica y espiritual, la godarria caroreña.
 A principios de la Guerra Federal, en 1859, es expulsado el fraile Aguinagalde, fundador de una cátedra latina y confeso liberal. No volvería jamás a Carora. Este extrañamiento dio pábulo a la famosa “maldición del fraile”.  Un muro de silencio se le hizo a don Emil Maduro, curazoeño que enseñaba francés en su casa, lugar donde se hacían amenas conversaciones literarias y filosóficas a finales del siglo XIX y comienzos del XX. A comienzos del siglo XX un extraordinario sacerdote, Pbro. Dr. Carlos Zubillaga, quien es considerado por Luis Beltrán Guerrero  un adelantado de la Teología de la Liberación, fue trasladado a Duaca, donde consiguió muerte prematura en 1911 este sacerdote, hermano mayor de Chío Zubillaga. Y desde Puerto Rico llegó Edmundo Jordán en 1936 a predicar  como pastor protestante el Evangelio, enseñar prácticas comerciales y el idioma de Shakespeare. No se lo permitieron los godos de Carora y el muy conservador, custodio del catolicismo, monseñor Pedro Felipe Montesdeoca. Se le hizo un cerco social, por lo que debió retirarse a los Estados Unidos a finales del año 1948.
Pareciera que una coraza de convicciones muy arraigadas aisló a Carora de las corrientes de pensamiento más innovadoras de la modernidad. Cuando el recién graduado de abogado, Dr. Ramón Pompilio Oropeza, llegó con su título bajo el brazo, levantó suspicaces y recelosos comentarios en 1890. Liberalidad y anticleriacalismo eran las palabras que le quitaban el sueño a las devotas matronas caroreñas.
A mi juicio, fue esa tenaz  envoltura ideológica, que hizo exclamar al padre Borges en 1918 que la ciudad larense era “Académica, aristocrática, católica, procera, Carora es, por lo mismo, conservadora.”,  lo que impidió que las renovadoras y modernas ideas de Marquís, consiguieran asidero y terreno fértil en ese anclado imaginario colectivo  caroreño. La razón patriarcal no iba a ceder sus espacios a un advenedizo e inoportuno Doctor en Agronomía formado en un país protestante, por lo que resultó oportuno extrañarle de su lar privilegiado, la levítica ciudad de Carora.
En la actualidad un eminente instituto de educación primaria ostenta el fulgurante nombre de Marquís en la localidad de Río Tocuyo, Parroquia Camacaro, Municipio Torres del Estado Lara, Venezuela,   quien se prepara para festejar los 70 años de su fundación en el mes de mayo de 2016, hecho ocurrido durante el llamado trienio adeco, bajo la presidencia de Rómulo Betancourt, y la presencia activa del eminente educador margariteño  doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa.


El universo intelectual del doctor Marquís.
Como bien sabemos, nuestro biografiado vivió a medio camino de los siglos XIX y XX. Fue media centuria de profundos cambios en todos los órdenes. Daniel Bell nos dice que “en la segunda mitad del siglo XIX, pues, un mundo ordenado era una quimera. Lo que se hizo repentinamente real, al moldear la percepción sensorial de un medio, fue el movimiento y el flujo. Se produjo de pronto un cambio radical en la naturaleza de la percepción estética. En el siglo XIX, por primera vez en la historia los hombres pudieron viajar más rápidamente que a pie o en un animal, y tuvieron una sensación diferente del paisaje cambiante, una sucesión de imágenes, un esfumado  producido por el movimiento, que nunca habían experimentado antes. O pudieron, primero en globos y mas tarde en aviones, elevarse en el cielo a miles de pies y ver desde el aire rasgos topográficos que los antiguos jamás conocieron.”
El investigador riotocuyano profesor Taylor García Rodríguez ha realizado un interesante ensayo biográfico sobre nuestro biografiado. Allí argumenta que las coordenadas intelectuales del educador caroreño coinciden con las del positivismo comteano y spenceriano, y la teoría de la evolución de Darwin, corriente filosófica que introdujeron al país Rafael Villavicencio y el alemán Adolfo Ernst en la Universidad de Caracas a mediados del siglo XIX. Desde allí formaron un grueso número de discípulos, entre quienes destacan Vicente Marcano, Teófilo Rodríguez, Arístides Rojas, Luis Razetti, David lobo, Delgado Palacios, José Gil Fortoul, Lisandro Alvarado, Alfredo Jahn, Revenga, López Méndez, César Zumeta, Vicente Romerogarcía. Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, José Ladislao Andara, Elías Toro, Ángel César Rivas, Julio César Salas,  Samuel Darío Maldonado.
 Hasta bien entrado el siglo XX el positivismo se imbricará con el movimiento literario modernista de Rubén Darío, Leopoldo Lugones y sus representantes venezolanos, Pedro Emilio Coll, Rufino Blanco Fombona, Manuel Díaz Rodríguez, Urbaneja Achelpohl, Vicente Romerogarcía. Algunos de ellos llegarán a influir poderosamente en el gobierno de Juan Vicente Gómez,  desde 1908 hasta 1935.
El positivismo dominó indiscutidamente el pensamiento, la ciencia y la reflexión. No hubo en Hispanoamérica corriente filosófica de más dilatada y penetrante influencia que el positivismo, nos dice Leopoldo Zea. No cabe duda que la ciencia natural que se enseñaba en nuestras universidades estaba marcada hondamente por esta filosofía cientificista, antimetafísica y objetivista. Representaba la liberación mental del mundo de habla castellana en América. Y en ella se inscribieron nuestros doctores Luppi y Marquís, pues entre siglos el dominio epistémico de Augusto Comte y Spencer era indiscutido y se tomaba como una verdad absoluta el dominio de los datos perceptivos.
El pensador uruguayo José Enrique Rodó será otras de las lecturas favoritas de Marquís. El uruguayo destaca a la América Latina espiritual e idealista en contraposición de un Estados Unidos materialista y centrado en el utilitarismo –Ariel y Calibán, en una alegoría inspirada en Shakespeare. El colombiano y modernista José María Vargas Vila ocupará también la atención de Marquís. Recordemos que este escritor se refugió en Venezuela y fue secretario del Presidente Joaquín Crespo. Los clásicos latinos figuran también, el poeta Horacio, que se leía en todas las clases de latinidad del siglo XIX. Los Ensayos de Montaigne, el filósofo y pedagogo español Juan Luis Vives, el padre del liberalismo John Locke, la pedagoga María Montessori, Juan Enrique Pestalozzi,  el novelista ruso León Tolstoi, las ideas educativas del Emilio de Juan Jacobo Rousseau.
Taylor Rodríguez García sostiene que nuestro biografiado fue uno de los introductores de la Escuela Nueva en el país con sus más destacados representantes: Dewey, Declory, Froebel, Freinet, Claparede, Ferriere y otros autores. En el Estado Lara fue el pedagogo colombiano Ananías Cotte quien en la Escuela Normal de Barquisimeto en 1881 comenzó a dar empleo a tan útiles métodos de enseñanza. El uso de ese nombre, Escuela Nueva, nos remite a un movimiento desarrollado a partir de los últimos años del siglo XIX, en relación con determinadas ideas sobre la educación y sus prácticas que en Europa y en distintos países del mundo emergieron a contrapelo de la educación tradicional, fruto ciertamente de una renovación general que valoraba la autoformación y la actividad espontánea del niño. En oposición a una pedagogía basada en el formalismo y la memorización, en el didactismo y la competencia, en el autoritarismo y la disciplina, la nueva educación reivindica la significación, el valor y la dignidad de la infancia, se centra en los intereses espontáneos del niño y aspira a fortalecer su actividad, libertad y autonomía.


Consideraciones finales.
El doctor Marquís en su corta existencia de apenas 40 años fue testigo de excepción de los enormes y dramáticos cambios ocurridos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue un tremendo cambio de época como pocos se han visto en la historia de la humanidad. Las viejas y absolutas certezas del siglo XIX comienzan a desmoronarse en el arte, la literatura, la ciencia y la moral tradicional. Einstein, Planck, Freud, Cubismo, Dadá, Vitalismo, instinto e irracionalidad son las palabras que resuenan en este nuevo tiempo.
 En los Estados  Unidos, el país donde se doctoró Marquís en 1907, se comienza a realizar un ataque profundo al puritanismo, nos dice Daniel Bell, que provino de la cultura, de los grupos de intelectuales jóvenes del Harvard College. El puritanismo, decían, se había convertido en un viejo tronco yanqui seco. La cultura se amplia y da lugar al inmigrante y al negro. Domina la escena urbana. Se exige la libertad sexual, se crea una nueva bohemia en Greenwich Village. Se leía a Nietzsche, Freud, Marx.
Se resumía la exuberancia de la vida en una serie de palabras clave, continúa diciendo Bell. Una de ellas era Nuevo. Había la Nueva Democracia, el Nuevo Nacionalismo, la Nueva Libertad, la Nueva Poesía y hasta la Nueva República. Otra de esas palabras era Sexo, se acuña la palabra control de nacimientos, se sostenía que el matrimonio no debía ser un asunto de compulsión económica o legal. Se dictan conferencias sobre la homosexualidad y el sexo intermedio. Se celebra el amor libre, y muchos de los jóvenes intelectuales vivían en una ostentosa monogamia sin casamiento.
Una tercera palabra era Liberación, un viento que soplaba de Europa, un viento de modernismo que llegó a las costas americanas. En arte, fueron los fauves y el cubismo. En el teatro el simbolismo, la sugestión y la atmósfera. En literatura, fue la boga de Shaw, Conrad, y Lawrence. Pero la mayor influencia se sintió en la filosofía, agrega Daniel Bell, donde las corrientes del irracionalismo, el vitalismo, el instinto, trasmitidas por Bergson y Freud, se difundieron rápidamente en obras de divulgación. Se popularizo  de Bergson su doctrina  de la fuerza vital, un espíritu biológico consciente que animaba al universo. El sindicalismo  fue asociado al vitalismo de Bergson por George Sorel. Francis Grierson, hoy olvidado, cuya obra consistía en ensayos místicos y aforísticos, fue considerado un profeta de la época.
Nace la sociedad consumista y del gasto. Se pierde el viejo temor puritano a la deuda. Crecen demográficamente los centros urbanos. Aparejado a todo esto, se estaba produciendo una revolución tecnológica que mediante el automóvil, el aeroplano, el cine y la radio rompió el aislamiento rural y por primera vez, unió al país en una cultura común y una sociedad nacional. Esta transformación social fue la responsable del fin del puritanismo y del sistema valorativo tradicional, concluye Bell.
Por supuesto que en Carora tradicional y conservadora estas ideas habrían de producir tremendo pánico y miedo entre sus clases dirigentes de la godarria, clase social con rasgos de casta que ha dominado la vida económica, social y cultural en esta antigua ciudad del semiárido larense. Una verdadera hegemonía ideológica y cultural la del patriciado caroreño, escribí hace unos años. Si bien es cierto que el puritanismo resultó vencido en el Norte, acá los valores del catolicismo colonial y barroco se resistían a ser desplazados. Recordemos además que nuestro biografiado no pudo conocer de las fundamentales transformaciones que produjo la naciente economía petrolera después de 1925 en adelante.
Y sucedió lo que tenía necesariamente que suceder: el doctor Marquís se retira de Carora desilusionado e incomprendido con rumbo a la activa ciudad comercial de Valera. Se me objetará mi pesimismo, pero una sociedad fuertemente anclada en un pasado que extiende su mano para sancionar, un único esquema  conceptual del mundo y de normas morales de conducta que se activaron  para desalentar el experimento pedagógico femenino de Marquís. Digamos, pues, con Mariano Picón Salas: Sufrimos los efectos del Concilio de Trento.
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Trabajo de investigación realizado en Carora, estado Lara, Venezuela, en la primera quincena de mayo de 2016 a petición de la profesora Elsa Túa, docente de la Escuela Básica Rafael Tobías Marquís Oropeza, de la localidad de Río Tocuyo, Parroquia Camacaro, estado Lara, Venezuela,  institución educativa que celebra en los días que corren sus 70 años de fructífera vida.
El autor del presente trabajo, Luis Eduardo Cortés Riera, es Doctor en Historia por la Universidad Santa María de Caracas en 2003.  Magister en Historia, Universidad José María Vargas, Caracas, 1995. Licenciado en Historia, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1976. Docente del Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico Barquisimeto Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa. Docente de la Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre, Carora. Cronista Oficial del Municipio  G. D. Pedro León Torres, Carora. Docente jubilado del Ministerio de Educación Básica, 2003. Se ha especializado en la historia social de la educación en Venezuela, así como en la historia social mentalidades religiosas. Discípulo de los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas. Ha publicado: Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora, 1890-1937. Ocho pecados capitales del historiador. La godarria caroreña, una singularidad social republicana. Explorando al Estado Lara, Enciclopedia Temática. Casado con la médico dermatóloga Raiza María Mujica. Tres hijos: José, Luis, María Fernanda.