martes, 1 de agosto de 2017

Antonio Lauro en su centenario

El 3 de agosto de 1917 nació en Ciudad Bolívar, hijo de prósperos
inmigrantes italianos. Su padre, Antonio Lauro Ventura, era músico compositor y bautizó a su hijo con el rito masón. Lauro se traslada a Caracas en 1926. Pese a la oposición familiar recibió clases de piano en la Escuela de Música y Declamación con Salvador Narciso Llamosas.  En esos años de 1930 visitan al país el legendario guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré,
 Regino Sainz de la Maza y Andrés Segovia, lo cual le hace interesarse por la guitarra, instrumento para el que compuso sus mejores obras.
Incursiona en un medio hasta entonces desconocido, la radio, al tiempo que inicia clases con el maestro Raúl Borges y se hace su discípulo más destacado. Forma el cuarteto Cantores del Trópico en 1935, el cual responde a una como respuesta nacional a la avalancha de música extranjera. Allí profundiza en los conocimientos de la música venezolana. “Lo popular criollo, silbidos,
Regino Sainz de la Maza
gritos, carcajadas y frases habladas, onomatopeyas, remedos humorísticos se notan allí, intervención de tres voces, imitaciones contrapuntísticas (Naranjas de Valencia), acertados procedimientos armónicos tradicionales, modulaciones de efectos sorprendentes (Tu Mirar), tensión rítmica (La guerra de los Vargas)”, escribe el maestro Alirio Díaz.
Poseedor de un proyecto estético personal, Lauro busca profundizar en lo autóctono, lo popular, sin dejar de lado su preparación académica. En los años 40 el trío  Cantores inicia una gira continental e incorpora un repertorio
ANDRÉS SEGOVIA
latinoamericano que luego empleará Lauro en sus composiciones. El trío ejecuta a Mozart, los que serán los primeros arreglos de Lauro para guitarra. La transición del trío de lo popular a lo clásico se había realizado. Desde allí nace el Trío Clásico de la Guitarra que interpretará a Bach, Frescobaldi, Schumann, Guadalajara,  Haydn, Scarlatti, Mozart, Albéniz, Sor, y al propio Lauro.
En los años 1960 Lauro formará un grupo de cámara con guitarras al cual colocará el nombre de su maestro Raúl Borges. Compuso trabajos para guitarra solista: Merengue, El marabino, Cuatro valses venezolanos,  Valse número 3 o Natalia, su obra por antonomasia y que fue su inspiración estando en Guayaquil en 1940. Con el valse explora la armonía popular venezolana, lo tonal-tradicional. Enriquece de tal forma el repertorio nacional y el guitarrístico. 
VICENTE EMILIO SOJO
Estrecha vínculos con el maestro Vicente Emilio Sojo, y forma parte del Orfeón Lamas en 1933, por él dirigido. En 1947 obtiene el título de Maestro Compositor bajo la conducción y fuerte personalidad de Sojo, eje del movimiento musical venezolano del siglo XX. Escribió fugas para guitarra en donde emplea formas provenientes de la tradición clásica: la sonata, la suite, la pavana y la fuga, buscando síntesis con formas nacionales.
Compuso obras para su catalogo no guitarrístico la suite venezolana, la Marisela, Cantaclaro, Poema del nacimiento, Giros negroides. Escribió también piezas corales: Crepuscular y Occidente. Alcanza su más alto unidad estilística y compositiva con la Sonata y La suite venezolana para guitarra.  En 1956 compone Concierto para guitarra y orquesta en el cual conjunciona elementos biográficos y musicales de su padre, Borges y Sojo. Se inicia entonces su etapa de madurez. Sus obras son interpretadas por el maestro internacional de la guitarra Alirio Díaz con claro éxito internacional: el Seis por derecho, Variaciones sobre un tema infantil, María Luisa, La negra, Yacambú. Angostura y La gatica.
ALIRIO DIAZ LEAL
A la ciudad del Portillo le compuso un vals venezolano llamado Carora, en 1963, y que dedicó “Al eminente caroreño Alirio Díaz. Nuestro maestro Díaz y Evencio Castellanos le dedicarán a su vez a Lauro una pieza en 1975: Homenaje.
Creó orfeones obreros, dirigió el grupo Madrigalistas de Venezuela, presidió la Orquesta Sinfónica Venezuela y la Asociación Venezolana de Autores y Compositores. Fue cantante solista en la Misa solemne, la Novena sinfonía de Beethoven, la Misa en si de Bach, el Réquien de Mozart. Y como si fuera poco, hemos de destacar su actuación política, pues sufrió duras encarcelaciones por oponerse al régimen militar que se entronizó luego del derrocamiento del presidente Gallegos en 1948. Todo un gran hombre que dio todo por exaltar lo nacional venezolano, un equivalente musical de otro hijo de inmigrantes italianos, el poeta Vicente Gerbasi.
Fuente: Alejandro Bruzual. La guitarra en Venezuela, desde sus orígenes hasta nuestros días. Banco Central de Venezuela. Caracas, 2011.

sábado, 29 de julio de 2017

Joel Meléndez, duende de Cerro Saroche

PARQUE NACIONAL SAROCHE. MUNICPIO TORRES, ESTADO LARA
Una madrugada de septiembre de 1935, el señor Norberto Meléndez sintió que su esposa Rosa Ramos iba a dar a luz un bebé, allá en Guaidí, cercanías de Cerro Saroche. Él mismo hizo de comadrón para que de esta manera naciera su hijo Joel, el protagonista de esta simpática historia olorosa a semiárido larense y a berrinche de chivo.  Con voz gruesa y quebrada me dice que Saroche significa en la lengua de los indios gayones y ayamanes “Tierra mágica o escondite”. Era una especie de lugar sagrado y de comunicación con los espíritus, éste lugar fantástico situado al norte del Municipio Torres.
Sus padres eran evangélicos pentecostales, y por esa razón le colocaron este nombre extraído del Viejo Testamento: el Patriarca Joel. Su infancia transcurrió entre chivos, iguanas, matas de cotoperices, yabos y lefarias. Me dice que comió mucha miel de abejas negras, semerucos,  tunas de suspire, piñuelas que se parecen al cocuy, iguanas. “Los sureres no se comen, los indios ya lo sabían”, dice entre carcajadas entre maestro de escuelas rurales, admirador prosélito del Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, y que por ello funda el Movimiento Electoral del Pueblo en Río Tocuyo en 1967.
 La casa en Guaidí donde nació Joel aun existe, pues la conserva casi intacta el clima seco y de baja humedad del sitio. Hizo su primaria en el caserío Cascajales este caballero que con el pasar de los años se haría educador en el medio campesino. “La Guardia Nacional-dice Joel- hizo mucho daño en tiempos de Pérez Jiménez, se metían de noche con gandolas para llevarse los chivos, pero nunca subieron a la parte alta de Saroche.”
Comenta que en Saroche “había muchos duendes, quienes se robaban a los niños, los que aparecían al cierto tiempo con una maraquita entre sus manos. Los velorios eran una parranda, con mucha comida, cantos y rezos, aguardiente de penca en cantidades.”
Me cuenta cosas extraordinarias éste docente y ecologista propietario de un viejo jeep, amigo entrañable de mi padre, Expedito Cortés: “La temperatura en el sector Pico Yajure, en Saroche, baja a los 9 grados centígrados por la madrugada. Ese sitio se llama así por que allí asesinaron a un tal Yajure hace 150 años o más”  “Allí, agrega, florean dos especies de orquídeas que sólo nacen allí y en ninguna otra parte”. Alarmado se siente por la extinción en Saroche de ciertas especies animales tales como el cardenalito “que se lo llevan para Europa para darle color a los canarios”, el rey zamuro, la lora copete amarillo, el pájaro carpintero y el venado caramerudo. “Es que nadie cuida el Parque Saroche, está descuidado. Sacan madera, carbón estantillos, laja y piedra mármol y el Ministerio del Ambiente y la Guardia Nacional  no hacen nada”, dice en tono dolido.
La idea de crear el Parque Saroche fue suya y se vanagloria que se haya creado en tierra de su propiedad, dice Joel con un gesto teatral, pues eran una posesión de su abuelo Juan Bautista Meléndez Meléndez, que se llamaba Bocare o El Rancho. Dice tener el documento probatorio que consta de doce folios. La visión de Joel prendió de inmediato y contó con el apoyo decidido y entusiasta de los profesores Expedito Cortés, Otón Carvallo, Edilberto Ferrer Véliz, Otto Chávez, Robert Smith, Reina Mejías, el médico Pedro Ramos y la socióloga caroreña Mirla Coronado, funcionaria del Ministerio del Ambiente en esa ocasión y quien le dio el ejecútese al proyecto. “Ellos durmieron en Saroche, dice Joel, eran muy apasionados con la creación del Parque en tierras del semiárido.” “El día del decreto del Parque, en 1999, agrega,  vino mucha gente y tuve que matar 10 chivos para hacer hervido. Hubo baile con los violines de Marcial Perozo y su conjunto. Los oradores fueron Otón Carvallo y Edilberto Ferrer”.
Las lluvias llegan a Saroche en julio, septiembre, octubre y diciembre. “Últimamente no son tan puntuales” dice Joel mirando hacia el cielo. Las quebradas que bajan del cerro son la de Mene de Cabra, Los Caballos, La Funcia, que van a dar al  “Nilo de Centro Occidente”, el Río Tocuyo. Las grandes riquezas del Parque son el granito, la piedra de carbón, el cuarzo, la piedra de mármol. “No hay minerales metálicos y se los están llevando sin permiso de nadie”, sentencia esta voz protectora de Saroche.
“Los caseríos que se encuentran dentro de Saroche son muchos, dice nuestro entrevistado: San Mateo, Los Ranchos, Pavia, Padre Diego, Las Peñas, Cerro Blanco, Mamonal, Turturia. El turismo ecológico tiene allí una gran oportunidad casi desconocida”.  
Joel comenzó la docencia en 1959 en las cercanías de Guanare. Exhibe con orgullo sus 82 años con una salud a toda prueba y que se la atribuye a la ingesta de miel de abeja bayure. En sus mocedades milita en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Domingo Alberto Rangel y Simón Sáez Mérida, creó ligas y sindicatos campesinos en Turén, Estado Portuguesa. Fue guerrillero urbano. Visita con frecuencia Librerías del Sur y le gusta la lectura. “Quien lee es sabio”, repite con Andrés Bello este educador de los tunales y cujíes, siempre dispuesto a emprender cualquier actividad del espíritu y de la cultura.

sábado, 8 de julio de 2017

Pedro Chávez, Conde de Transilvania

PEDRO CHÁVEZ "LA DRACULA"
Fue en enero de 1970 cuando comenzó mi amistad con Pedrito, “La Drácula”, quien ya era ampliamente conocido  en los pasillos de la Universidad Central de Venezuela cuando yo llegué allí a mis 17 años de edad a estudiar ingeniería. Perteneció en esa casa de estudios a su grupo de teatro, junto al fallecido  Primer Actor Gustavo Rodríguez. Dormía en las residencias estudiantiles, donde conoció a muchos guerrilleros de la década violenta.  Sus lugares favoritos eran las piscinas, la Federación de Centros, y por supuesto, el comedor universitario. Todos creían que era un aventajado estudiante universitario, pero en verdad apenas sacó el sexto grado en la Escuela Contreras de Carora. Su gestualidad y tono de voz lo hacían aparecer como un miembro más del alma mater caraqueña. Eso sí, vendía cualquier cosa que se le pusiera en las manos, tales como revistas de la Cadena Capriles, a una de cuyas agencias yo le acompañe en cierta ocasión.  

Cuando cerraban el comedor universitario comenzaba nuestro sufrimiento y penurias. Fue allí cuando se nos ocurrió pedir dinero “para la guerrilla” con unos potes a la entrada de la UCV por la puerta de Plaza Venezuela. En cierta ocasión Rafael Caldera, presidente de la republica entonces, dijo en su programa televisivo que para entrar a esa casa de estudios había que pagar una suerte de peaje. El allanamiento militar estaba cerca de producirse junto a la defenestración del digno rector Jesús María Bianco.
Cuando ese doloroso e injusto hecho sucedió nos fuimos a estudiar a la Universidad de Los Andes. Mi sorpresa fue mayúscula, pues allí estaba Pedrito acomodado en una residencia estudiantil con Raulito Adrianza, Alirio Camacaro, Arnoldo y Jesús Cortés, Nelson Martínez, Juan Querales  y Héctor Ávila. Como había sucedido en la UCV, rápidamente se une al grupo de teatro emeritense. Es el momento en cuanto logra notoriedad haciendo el papel de El Guaco, en una obra de Carlos Contramaestre llamada “Cabimas, Cabimas carroña vidriosa”.
Tenía cierta sensibilidad por la poesía y los valores estéticos, los que a fuerza de vivir en dos ilustres universidades adquirió. En cierta ocasión me pronunció de memoria La balada de Hans y Jenny, del poeta y humorista Aquiles Nazoa. Y fue precisamente ese bello poema el que recita cuando lo vi por última vez en un acto cultural en las Librerías del Sur en Carora,’
  y cuando ya mostraba los signos de la ceguera que le ocasionó lentamente la diabetes.
No era un sin oficio. No, pues tenía la labor de Jesucristo, la carpintería. De esa ocupación vivió largos años en Barquisimeto en un negocio que montó al lado de El Portal del Chivo. Allí le visitaban con regularidad Miguel Aldana, Ricardo Pereira y Carlos Cortés con la finalidad de reírse de sus magnificas ocurrencias y chistes.
No era exactamente caroreño, pues su heredó el apellido merideño, Montilla, de su madre, a la que conoce su padre en un tour de force que realizó a Timotes junto al padre de El Negro Chávez, el popular Cúchare. De los Andes vinieron comprometidos en matrimonio estos populares caroreños de tiempos ya idos.

Como Cronista de Carora me había propuesto hacerle una buena entrevista, pero la fatalidad del fin de la existencia me ha hecho hacerle este reconocimiento post morten a esa existencia trashumante y de intensas correrías por el país. En conversaciones informales me decía que muchas de sus picantes e increíbles anécdotas eran producto de la invención y de la enorme capacidad ficcional de los caroreños. “No era cierto que papá me dijo que no me ajuntara con El Drácula. No era cierto que le di un paltozaso con un ladrillo en uno de los bolsillos a un tipo en un templete de las Ferias del Sol en Mérida y lo cual lo tiró de rollito desmayado.”
En la serrana ciudad se enamora perdidamente de una tal Arelis, actriz nativa de Santa Bárbara del Zulia y quien le acompaña en el elenco teatral merideño. Era una mujer en extremo hermosa y extrovertida, la que sin embargo se enamora del director del Grupo teatral, el dominicano Rómulo Rivas.  Cuarenta años de aquella peripecia amatoria seguía recordándola con verdadera pasión.
Viendo acercarse el ocaso de la existencia se viene a Carora. Me decía que le tenía mucho miedo a la vejez, circunstancia de la vida que no conoció, pues siempre fue un joven sin ganas de ponerse anciano nunca. En sus vistas postreras a mi Oficina se quedaba dormido aquel hombre que practicó con vehemencia y ahínco la bohemia y la recitación. Estaba perdiendo facultades inexorablemente aquel sujeto que tenia fama de gozar una enorme potencia sexual y que era capaz de soltar unas flatulencias verdaderamente rabelesianas.
Pedrito, fuiste mi seguro y cordial amigo, que me condujiste con tino y acierto por la intrincada vida caraqueña a finales de mi adolescencia, por ello agradecido te he escrito estas líneas de despedida cuando se acercan las fiestas de San Juan, un día siete de julio de 2017.   


jueves, 6 de julio de 2017

Terú Nezú y Santos Chirinos Génesis del judo en Carora

TERU NEZU
Terú nació en la martirizada ciudad de Nagasaki, Japón, pero la bomba atómica no lo afectó. Llega como obrero a esta Tierra de Gracia por invitación de la familia de industriales Yonekura, se instala en Puerto Cabello, pero la insurrección militar del Porteñazo lo avienta a Carora. En 1963 abre en la calle Bolívar, casa de Domingo Matute, su famosa Casa Japonesa. Un día cualquiera de 1963 un joven lo ve descargando un camión y le dice “¿Chino, te ayudo?”, a lo que responde Terú de inmediato: “no soy chino, ayuda, yo pago.” Se trataba de Santos Chirinos, futuro discípulo y edecán del asiático en las artes marciales niponas.
En una ocasión Eduardo “Lalo” Herrera le dice en casa de Domingo Perera: “Terú, todos los chinos saben pelear, menos tú.” A lo que responde el nipón: “traiga los muchachos.” Es allí cuando en un improvisado tatami hecho de cajas de cartón  y un encerado de camión, se incorpora la primera camada de futuros y extraordinarios judocas caroreños: Pedrito Marchán, Cecilio Meléndez, “El Mapuche”, Pedrito González, Rubén Becerra, Naudy Suárez, “El Coloso”, y su hermano. Los primeros días estos novatos no sabían el nombre en japonés de mano, brazo o piernas, caída, agarre o envión. Tras unas breves semanas de rápidos  y asombrosos aprendizajes salen al encuentro de su primer compromiso en Maracaibo, se hospedan en el Liceo Baralt.
RUBÉN BECERRA GUTIÉRREZ (hijo) - SANTOS CHIRINOS 

Rubén Becerra es quien lleva el judo a Barquisimeto durante unas Ferias de la Divina Pastora. Un karateca llamado Ling  Sung  llama a Terú, y es de tal forma como se instala desde Carora el judo en la ciudad crepuscular. El judo tiene en el Estado Lara ciudadanía caroreña. Luego vendrán los triunfos arrolladores y sin pausa en las universidades de Mérida, Zulia, Carabobo y la Central de Caracas. Santos  Chirinos obtiene Cinturón Marrón en Carabobo, luego de dos años de duro entrenamiento.
En el judo hay una teoría y no existen los aporreos. Fue el credo de Jigoro Kano, fundador del judo en el país del sol naciente, fallecido en 1938. Todo deriva del judo, incluso el kung fu chino y el kárate japonés.
Terú abraza el cristianismo, al igual que su esposa Yoko. Sus padrinos de bautismo fueron el doctor Pablo “Paúcho” Álvarez y Otto Herrera y Socorro, respectivamente. Luego vendió la Casa Japonesa. Terú es muy humilde y no es necesariamente rico. Cuatro hermanos se casaron con otras cuatro hermanas, allá en Japón. Al despedirse de Carora le dice a Chirinos: “no me deje morir el judo”, lo que ha cumplido a cabalidad este magnifico auxiliar y edecán  del súbdito del Emperador.


Santos Chirinos no cobra ningún sueldo por su extraordinario trabajo con el judo cercano al medio siglo. Ocupa su academia un galpón de la Alcaldía, quien no le ha cobrado alquiler nunca, y espera que a la brevedad se le otorgue la pensión del Seguro Social. Su hija Mahlin ha sido su continuadora en la enseñanza del judo. Se casó con el campeón internacional Melvin Rodríguez, un verdadero as de la disciplina por sus capacidades innatas, estatura, músculos y una gran seriedad. Es Campeón Panamericano, medalla dorada en Guadalajara, México.
EL CAROREÑO MELVIN RODRIUGEZ
CON LA BANDERA DE VENEZUELA
En la academia Jucaro de la avenida Miranda, nunca ha habido accidentes graves, solo lesiones leves en este escenario excepcional del combate  y de la inteligencia, pues aprovecha la fuerza del contendor para vencerlo. Chirinos siente gran orgullo al haber representado a su país cinco veces: en México, Ecuador, República Dominicana, Perú, Cuba, Argentina y en Europa. Me cuenta Chirinos que Japón perdió por primera vez un campeonato mundial frente a Holanda, lo que ocasionó un trauma nacional. No se resignaron los nipones, pues buscaron desde el nacimiento al futuro campeón, un niño que al nacer pesó más de cuatro kilos y que a los 14 años, dotado de una enorme fuerza y que pesaba 125 kilos, venció a los europeos este joven que llegó a ser el predilecto del Emperador Hirohito.
Chirinos expresa que su gran deseo es el de visitar en alguna ocasión la Tierra del Sol naciente y saludar al fundador de la disciplina Jigoro Kano en su tumba. Ha preparado para su gran satisfacción campeonas en el judo, tales como Nataly Chacón, Marlica Sánchez, Génesis Méndez, Rosmelin Rodríguez, entre otras. En 1986 sucedió un hecho increíble, me dice: el Estado Lara, comandado por la delegación torrense arrasó con 18 premios en diversas categorías  en campeonato nacional. Un hecho casi irrepetible.
SANTOS CHIRINOS EN EL JUDO DE CARORA

Los nombres de Terú Nezú y Santos Chirinos deberían ser colocados con letras doradas en alguna instalación deportiva de nuestra ciudad, pues estos dos caballeros han llevado muy lejos nuestro gentilicio caroreño.  

Visita Pastoral del Arzobispo Silvestre Guevara y Lira a Carora en 1865

SILVESTRE GUEVARA LIRA
El Arzobispo de Venezuela Dr. Silvestre Guevara y Lira tenía ganado ya un buen prestigio al llegar a Carora, pues había firmado el Decreto de Abolición de la Esclavitud en 1854, logró firmar un Concordato con la Santa Sede (1862), llamado por Hermann González Oropeza “un Concordato frustrado”, puesto que fue rechazado por el Congreso. Años después de su visita a Carora, asistió Guevara y Lira al Concilio Vaticano I (1868), a su regreso fue expulsado del país por el gobierno de Guzmán Blanco. En 1874  Guzmán Blanco propuso que lo sustituyera un caroreño, el Obispo de Guayana Monseñor José Manuel Arroyo Niño Ladrón de Guevara (1814-1884) y debió enfrentar la idea guzmancista de crear una Iglesia venezolana e independiente de Roma (1876).
 Vino a Carora a preparar el terreno para que fuese ejecutada la Bula de Erección del Obispado de Barquisimeto, la que fue firmada  el 16 de diciembre de 1865.  Guevara y Lira debió afrontar en Carora un problema que era correlato de la precaria situación en que se hallaba la Iglesia después de la Independencia. Un grupo de cófrades de las hermandades caroreñas, encabezados por Rafael A. Álvarez, José María Zubillaga, Agustín A. Álvarez, Ramón Urrieta, Flavio Herrera, Antonio María Zubillaga y el judío converso Jacobo Haím Curiel,  miembros de la godarria caroreña. Refieren ellos al Arzobispo que las cofradías: “Que en otros tiempos tenían fondos más que suficientes (...) sus cuentas están reducidas a su más sencilla expresión (...) y que muchas de sus posesiones de valor y algunos censos se hagan en poder de los herederos del último mayordomo, José Paulino Guerrero”. La Guerra Magna, el descuido y el poco celo acabó, decían, con lo que llegó a ser una gran riqueza. Pidieron entonces a Guevara y Lira: “Solucionar el complicado negocio de las cofradías dejando instrucciones y facultades al Vicario Foráneo (...) y aún nos parece que alguna persona con nombramiento, formal de su Señoría Ilustrísima podría arreglar ese negociado y desenmarañar ese hilo de cofradías.”
 
HERMAMM GONZÁLEZ OROPEZA
Estas posesiones de valor a las que se refieren estos caroreños no son otras que las que hoy forman las tierras más fértiles del Municipio Torres en los valles del Río Quediches. Habría que averiguar de qué manera fueron transferidas esas ricas tierras por los herederos de su último mayordomo José Paulino Guerrero a sus actuales poseedores. Eran esas posesiones las llamadas “Cofradías del Montón”, tal y como se le llamaban en el siglo XVIII. El Obispo Martí refiere que “las que nombran del Montón” eran las cofradías del  Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Rosario, El Glorioso Príncipe de los Apóstoles Señor San Pedro, San George y Las Benditas Ánimas del Purgatorio. Fueron estas cofradías las responsables de que, desde principios del siglo XVII, fueran ganadas para la producción agropecuaria las inmensas y fértiles tierras ubicadas al Oeste de la ciudad de Carora, la zona de calor húmedo de la Vicaría. Aún no se ha hecho un estudio sistemático y profundo de este proceso de colonización de esta ubérrima zona del Municipio Torres. Nosotros podemos adelantar que tales tierras fueron pedidas por Pedro y Andrés de Almarás al Capitán General de la Gobernación Señor Don Francisco de Oberto para que “conceda en que puedan pastar las yeguas de esta Sta. Cofradía y otros ganados que adquirieran en tiempo futuro en tierras baldías en los ejidos del común...” . Aparecen en el  documento los nombres de Diego Gordon, Francisco de la Hoz Berrio (Gobernador de Venezuela entre 1616 y 1622), Pedro Delomar, Alonso Sánchez Cambero (párroco de la iglesia de San Juan Bautista del Portillo de Carora), Diego González Rodríguez de Narváez, Martín de la Peña, Francisco Cano Galera, Francisco Bazán, Alonso Serrano y Andrés Gordon.
 
GUZMÁN BLANCO

En estas tierras ejidales se asentaron las cofradías “del Montón” en los alrededores de los sitios de Burerito, elevado a curato por el Obispo Martí en 1776, Guede, Hueso de Venado, Cadillar, Venadito, La Sabaneta, Daguayure, La Redonda, Zaragoza, Lagunicha, Los Quediches y Boraure.  Estaban muy activas esas cofradías  a principios del siglo XIX.  Durante la Guerra de Independencia constituyó un apetitoso botín para los bandos en pugna por sus numerosos ganados, yeguas, cabras, caballos, mulas, burros, marranos, aves de corral, quesos, maíz, plátanos, piñas; así como también sus caudales y su mano de obra tanto esclava como libre. Pero sus administradores ayudaban tanto a patriotas como a los partidarios del rey de España.